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Revista Aeronáutica Ediciones 256-255-254
     
   
   
   
 

A la tripulación del avión Fantasma FAC 1760, febrero 18 de 2009

In Memóriam

Mayor Mauricio Tobón Botero

Subteniente Diego Gómez Mancipe

Subteniente Ilián Olave Fajardo

Técnico Jefe de Comando Israel López Bernal

Técnico Segundo Carlos Alberto Rojas Hoyos

 

Mayor Mauricio Tobón Botero

 

Mauro

No me hubiera importado escribirte y tal vez sería la tarea más fácil si nos encontráramos frente a un nuevo ascenso, frente al nacimiento de un nuevo miembro de la familia o para conmemorar tus bodas de plata con tu Linda. No obstante, hoy tengo una responsabilidad diferente y quizá la más difícil que he debido asumir. Primero, porque quisiera leer cada palabra mirándote a los ojos para reconfortarme con esa sonrisa tuya que, tal y como dice mi mamá, provenía de tu alma.

 

Parado frente a ustedes, no sé de quién hablarles. No sé si hablar de Mauro el hermano, el profesional, el hijo, el amigo, el gran hombre de familia, o hablar de ese ser extraordinario que era como esposo. Lo peor de todo, es que no sé cómo hacerlo y no sé cómo abordar cada escenario sin que incurra en el riesgo de dejar por fuera todas y cada una de tus invaluables cualidades.

 

Me duele el corazón al escribirte. Mi alma se atormenta al recordarte y pensar que físicamente ya no estarás a nuestro lado, pero bueno, los obstáculos de la vida debemos afrontarlos y sobrepasarlos con la entrega y dedicación que siempre nos inculcaste.

 

A mi compañero de habitación, con el que por casi 12 años compartí un mismo espacio, sólo puedo agradecer el sinnúmero de enseñanzas que me dejó, que reforzaron mis valores y contribuyeron a mi formación. Mi hermano, que a temprana edad encontró cuál era su misión en la tierra y decidió convertirse en HÉROE de este país. Es a eso entonces a lo que me voy a aferrar en estas líneas.

 

Los diferentes interrogantes tras el suceso de pronto no nos dejan ver con claridad, y tal vez las miles de preguntas nunca tendrán respuesta, pues somos seres egoístas que no logramos comprender los designios del Creador cuando nos arrebata un ser extraordinario como lo eres tú mi Mauro, nuestro Mauro. Desde muy joven te tocó asumir roles que no te correspondían, pero que avocaste con toda la entereza. Fue ahí donde te convertiste en el eje y polo a tierra de nuestra familia. Fuiste y serás nuestro marco de referencia, nuestro marco de acción. Vale la pena resaltar que tus decisiones no sólo llevaban a acciones que un ser sabio podía profesar, sino que llevaban inmersas tus mejores cualidades, como lo era ser un hombre justo, equitativo, pero sobre todo con una verticalidad imposible de corroer. Para ti nunca era suficiente, “en el buen sentido de la palabra”, idearte la forma para que los seres que te rodeaban, que te amaban o los que se encontraban bajo tu mando descubrieran sus mejores condiciones y su esencia en su desarrollo humano.

 

De pronto fueron todas esas virtudes lo que hacen que hoy no te tengamos como un ser inmortal. Sin embargo, serás un ser eterno que ha dejado una huella indeleble en quienes tuvimos el privilegio de conocerte. No te queríamos como Ángel tan rápido, pero es algo que ya no podemos discutir, pues has mutado para convertirte de manera permanente en la razón principal del latir de nuestros corazones, en la esencia de nuestro espíritu y en la luz que ilumina nuestra alma.

 

¿Qué fuiste el mejor esposo? Claro que sí, y miro a Linda para que sea ella la que, a través del vocabulario que ustedes construyeron, te lo manifieste. ¿Qué fuiste el mejor profesional? Claro que sí, y que sea esta la oportunidad para que todos los Oficiales, en su propia lengua, te lo manifiesten. ¿Qué fuiste el mejor amigo? Claro que sí, y te lo digo yo, acá al leer estas palabras, y así mismo te lo dirán tus compañeros activos y retirad del Curso 67. Y sin querer excluir a nadie, que lo diga Rodrigo, tu “mija”, ahora nuestra “mija”. ¿Qué fuiste el mejor miembro de familia? Claro que sí, acá están quienes la conformamos y hoy te lo manifestamos con la mayor devoción.

 

La vida sigue Mauro, y para dar valor y fortaleza a tu legado nos comprometeremos a ser felices y a que nuestras acciones se vean impregnadas con tu sello. No te defraudaremos, no te olvidaremos. Hoy, como mortales, enaltecemos tu ser, te repetimos que te amamos, te admiramos y no nos queda la menor duda que en el cielo existe el mejor ángel, que con alas propias continuará piloteando su “Fantasma” para reconfortar nuestra esencia, pero lo mejor de todo, seguirás haciendo lo que más te gusta: Volar.

 

Ya contamos con una prerrogativa con la que pocos cuentan, el estar seguros que cuando nos llegue el momento de acompañarte, cruzaremos la sala de espera para abordar ese avión y emprender ese viaje que tú ya iniciaste, con el mejor de los mejores: TÚ. Te adoro y te adoramos. Te amo y te amamos.

Tu hermano Nicolás Orejuela


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