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Un Vuelo por la Vida

Un Vuelo por la Vida

“El momento más complejo fue recibir en mis brazos a una criatura tan frágil y pequeña con dos heridas por arma de fuego, es desconcertante pensar que alguien pueda atentar contra la vida de un ser humano tan indefenso como es un bebé de dos años”. Atónito narró el Técnico Segundo Miguel Fernando Díaz Flórez, rescatista de personal de la Fuerza Aérea Colombiana, después de realizar una de las misiones más difíciles de su carrera militar.

Siendo las 10:00 p.m. del 7 de febrero de 2021, el Centro Nacional de Recuperación de Personal, CNRP, emitió una solicitud de evacuación aeromédica para dos menores de edad heridos por arma de fuego en Guapi, Cauca. Este municipio, de acuerdo a los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, PDET, está priorizado por ser territorio con altos índices de pobreza, violencia y economías ilícitas. Cuenta con 25 corregimientos y 30 veredas localizadas a lo largo de sus cinco ríos principales: río Alto Guapi, río Bajo Guapi, río Napi, río San Francisco y río Guajuí. Su población está compuesta por afrocolombianos y en menor medida indígenas. Guapi tiene múltiples problemas sociales y económicos, pero cuenta con gran potencial agrícola y minero.

Los hechos ocurrieron cuando un grupo familiar se movilizaba en lancha por el río Napi del corregimiento Calle Larga con destino a Guapi, en el recorrido fueron sorprendidos por varios disparos, situación que lamentablemente acabó con la vida de una joven de 19 años y dejó tres personas heridas, entre ellos, los niños Edwin Santiago y Dahiana.

El Batallón Fluvial de Infantería Marina No. 43 los rescató del río, trasladándolos al Centro de Salud de Guapi, donde recibieron los primeros auxilios; debido a la gravedad de las lesiones era necesario el apoyo aéreo para movilizarlos hasta un centro asistencial de mayor nivel en Cali.

 La solicitud de evacuación fue respondida por la tripulación del helicóptero Black Hawk FAC 4109 en configuración Ángel, que sería la encargada de efectuar el traslado a un centro hospitalario con la infraestructura requerida. Sin embargo, la información dada por el centro de salud no fue específica, por ello los militares estaban alerta ante cualquier situación que se presentara en el desarrollo de la misión. En muchas ocasiones y en gran medida, la vida de los pacientes depende del tiempo que transcurre desde el suceso hasta cuando se les presta atención médica oportuna.

La reacción fue inmediata. Una vez lista la tripulación conformada por piloto, copiloto, técnico en equipos de rescate, técnico artillero de vuelo, técnico tripulante de vuelo y dos rescatistas de personal, el helicóptero despegó de la Base Aérea Marco Fidel Suárez, Cali, Valle del Cauca, a las 11:00 p.m., teniendo que lidiar en el vuelo con condiciones meteorológicas adversas, visibilidad reducida por presencia de nubosidad, es decir, dificultad de contacto visual con el terreno, generando riesgo para la operación. Además, este municipio se encuentra a nivel del mar, lo cual propicia que el estado del tiempo sea cambiante. A pesar de ello, se arribó al Aeropuerto Juan Casiano Solís de Guapi, a las 12:12 a.m.

 La médica del Centro de Salud dio a la tripulación el reporte de los menores: Dahiana de 12 años con impacto de arma de fuego, signos vitales estables y Edwin Santiago de 2 años con dos impactos, en estado crítico y propenso a hemorragia, dado que las balas ocasionaron una herida cerca a uno de sus órganos vitales. El vuelo de retorno inició a la 1:00 a.m. hacia el Hospital Universitario Fundación Valle de Lili, ubicado en la capital del Valle del Cauca, ante la gravedad de la emergencia, la tripulación tuvo que establecer parámetros de vuelo específicos para evitar que empeorara el estado de salud de los heridos, dividiendo al equipo de especialistas en dos grupos que monitorearan permanentemente los signos vitales de los pacientes, administraran oxígeno y estuvieran alerta evitando al máximo que se presentaran hemorragias u otras alteraciones.

“Fue un vuelo con mucha angustia. Aunque en todas las misiones pienso en el panorama más crítico, fue muy difícil presenciar una situación como esta. Traté de mantener la calma para tomar decisiones claras y acertadas, sin embargo, existía miedo ante una complicación en el estado de los niños, tal vez por el cambio de presión y la temperatura, pues la operación se desarrolló a altas horas de la noche. Ver un niño tan pequeño herido por impactos de bala me generaba preocupación y al mismo tiempo rabia y frustración, también pensaba en la niña mayor, tía de Santiago, aunque mi compañero le brindaba toda la atención pensaba en cómo ayudarlo sin descuidar al bebé”. Expresó el Técnico Segundo Díaz, al revivir ese momento.

Aproximarse a Cali y al helipuerto de la clínica fue una luz de esperanza, todos los integrantes de la tripulación respiraron profundamente y agradecieron a Dios, porque aún con las adversidades meteorológicas y la gravedad de las heridas en los pequeños, los dos llegaron vivos, fueron recibidos por el personal médico especializado e intervenidos de manera oportuna. “En todo momento les hablábamos, monitoreamos sus signos y gracias a Dios pudimos entregarlos en el Hospital Valle de Lili sin novedad. Ellos demostraron su valentía y ganas de vivir”, agregó el rescatista Técnico Tercero Uriel Geovany Urbina Jiménez.

Días después, la Fuerza Aérea Colombiana se comunicó con las familias para realizar seguimiento del caso. La niña fue intervenida quirúrgicamente y dada de alta, al niño se le practicaron dos cirugías debido a las afectaciones encontradas en sus órganos, duró aproximadamente un mes en la clínica y posteriormente los médicos le permitieron volver a casa. En la actualidad, se encuentran con buen estado de salud, Dahiana toma sus clases virtuales y Edwin Santiago aún asiste a controles médicos.

Afortunadamente, el vuelo de un Ángel de metal salvó la vida de una futura cantante, el sueño de Dahiana, una niña que además de ser apasionada por las materias relacionadas con el arte, le gusta bailar y escuchar música. Edwin Santiago no apagó su sonrisa, por el contrario sigue siendo luz de esperanza para su familia, corre y juega con balones de fútbol, una de las actividades que más disfruta a pesar de su corta edad.

“Agradezco a la Fuerza Aérea por llevar a mi bebé y a mi hermana hasta Cali, en Guapi los iban a llevar en una lancha, ellos no lo hubieran resistido”. Son las palabras de agradecimiento de la mamá de Santiago por el traslado oportuno de sus familiares.

En circunstancias como estas, los helicópteros denominados Ángel de su Fuerza Aérea Colombiana y sus tripulaciones llegan a cualquier lugar haciendo frente a diversas situaciones, son hombres y mujeres altamente capacitados y con absoluta vocación de servicio que arriesgan su vida para que otros puedan vivir.

Autor
Subteniente Jeimmy Nataly Gutiérrez Ávila.

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